Art on the strip

Las Vegas, ciudad de ruletas, blackjack, máquinas tragamonedas, dados, naipes, casinos para adultos y niños, espectáculos fascinantes, despliegue de luces, personajes extravagantes, locura, desierto.

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Mundo de colores

Desde pequeñita me ha gustado el arte y todo lo que tiene que ver con esa palabra…He sido aprendiz de actriz, de poeta, de escritora, de pintora, de fotógrafa…No sé por qué no he seguido ninguna a cabalidad, quizás ha sido el miedo el que no me ha dejado, pues las ganas y el apoyo de los míos no me han faltado, pero este no es el momento de buscar razones o culpables…Hoy puedo decir que estar en cada uno de esos roles me ha dado una felicidad enorme: haciendo llorar, reflexionar, reír a otros con la interpretación de personajes que aparentemente no soy; volando entre las líneas de mis versos, sollozando entre los recuerdos vividos de mi prosa; creando imágenes, dibujos, trazos a partir de mis sueños, de mis emociones más profundas sobre un lienzo; inundándome de la vida real, de lo que probablemente no nos percatamos cotidianamente, pero que con ayuda de mi lente puedo apreciar mejor.

Decidí tomar un taller de pintura y este camino me llevó a encontrarme con María Clara, un ser humano maravilloso, una gran maestra. Entre el agradable olor a óleo y los dibujos pintados en pliegos de papel bond nos hicimos amigas y de las buenas. Las horas se hacían cortas, cortísimas, para nuestras charlas sobre la teoría del color y las técnicas, sobre la historia del arte y las épocas, sobre aquello que yo quería mostrar en mis dibujos y de qué manera podía lograrlo, incluso, hablábamos de los amores y desamores, de Dios y de los dioses, de sus viajes y de los míos, de nuestros sueños; yo me sentía como su discípula y ella era mi maestra, de pintura, de otros conocimientos, de la vida. Anhelaba que llegara el sábado para asistir a esas reuniones que me hacían levitar con los pies en la tierra, era el sitio perfecto para despojarme de pensamientos, de la rutina, de mí misma. La puesta del sol significaba el fin del ritual y descendía nuevamente a mi cuerpo, a mi ser.

Un día se acabaron las clases por esas cosas de la vida que nadie entiende, porque “así tenía que ser” dicen por ahí. No sé si un día me gradúe en una de estas disciplinas, pero siento que llevaré el arte como un escudo a donde sea que vaya.

Este es uno de los trabajos que hice en esas cortas jornadas de placer.

El bosquejo
El bosquejo
El resultado
El resultado

Retratos de ciudad

Cualquier ciudad del mundo tiene personajes que hacen ese lugar único e irrepetible. En Bogotá, la carrera séptima es una de las avenidas más populares, donde diariamente transitan miles de personas que van apuradas para sus lugares de trabajo o de estudio, que van a hacer “vuelticas al centro” o visitantes que obligatoriamente deben pasar por allí si quieren conocer un sitio tradicional de la capital. La séptima abriga montones de historias que se repiten día tras día, personas que tienen sus puestos de trabajo en los andenes, en las esquinas, en los semáforos…Es así como encontramos a estos señores con paletas, crayones, plumones, pasteles, colores, quienes ofrecen a los transeúntes un retrato, una caricatura, “para que se la lleve de recuerdo”. Estos hombres te dibujan el exterior, te pintan con facciones exageradas, con más brillo en la mirada, con una nariz pronunciada, con más arrugas de lo normal, muchas veces con estos pequeños pero notables cambios, te retratan el alma.

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