Electrocardiograma

Martes, 17 de octubre de mil novecientos algo, 9 am. Un llanto se escuchó en la sala de partos del Seguro Social de la ciudad de Cali. Acababa de abandonar mi “huevo”, en el que me sentía cómoda, feliz y a salvo. Mi madre se internó en la clínica desde el día anterior. No soportaba el dolor. Mi padre estaba ansioso. Con ganas de recibirme. No sabía si era niño o niña, lo cual hacía que se acrecentara su emoción. Había empezado a romper el cascarón y era necesario que me sacaran de ahí porque había crecido demasiado y mi caluroso hogar se achiquitaba.

Sigue leyendo

Anuncios